(Una reflexión de los niños de la calle)
Abel me aborda en pleno almuerzo en un céntrico restaurant a ofrecerme unos chicles y caramelos por un cómodo precio – si no quieres mis caramelos puedo cantar si quieres amigo, me ofrece el pequeño – en contrapuesta le otorgo una invitación para ser parte de mi mesa- el me dice que no - solo quiero que me compre o si no me llevo la comida para mi casa…
Esta situación se repite innumerables veces, no es que sea molestoso los hechos narrados sino me llama a reflexionar y preguntarme que estamos haciendo con la niñez y por ella, y cuántos de los que hoy se lanzan como candidatos saben de este problema que eminentemente afecta a los pequeños y sus derechos humanos de estar en sus escuelas o en sus casas jugando y mejorando sus conocimientos para un futuro mejor de ellos y del país.
Pareciera que como sociedad hemos perdido la sensibilidad de admirarnos y reaccionar contra hechos y por el contrario nos hemos convertido en una sociedad extremadamente egoísta. Recuerdo hace muchos años en mi retorno a la ciudad para mis estudios universitarios solo encontraba unos cuantos niños lustrabotas en el parque central de los cuales podías entablar un dialogo ameno y saber de dónde y quién era y poder así mismo saber donde estudiaba o tal vez no lo hacía por alguna razón extremadamente caótica de su familia que recién salía de los estragos de los años de violencia.
Hoy en día las cosas han mejorado para muchos de nosotros, la economía está en crecimiento, existe un conjunto de hechos que ha permutado para bien, pero pareciera que no ha cambiado en nada el hecho de seguir no priorizando a los niños en la sociedad. Paradójicamente se ha interiorizado en la sociedad en aislarlos a los niños y estigmatizarlos como bichos ajenos al futuro o como extrañas criaturas. Esta última parte lo compruebo con el siguiente hecho – en la esquina de Jr. Asamblea y Jr. Quinua existe un canal que hoy esta enrejado, antes de este enrejado los niños de la calle salían de pernoctar para “recursiarce”. La solución más “salomónico” fue justamente enrejar la salida, pero donde está la solución? Esos mismos niños deambulan hoy en las calles ya un poco mayores, cometiendo delitos mayores.
En los innumerables documentos básicos en materia de derechos humanos reconocidos por el sistema interamericano del cual forma parte el Perú, a los niños se les reconoce un conjunto de derechos que les asiste, así mismo obliga al estado a protegerlos bajo un principio tuitivo, es decir como una prioridad del estado en las política públicas. Y enmarca a todos los padres de familia que tienen el deber de asistir, alimentar, educar y amparar a sus hijos.
Dicen los mejores proverbios y dichos que hay que cuidar de los niños para no castigar a los ciudadanos. Así mismo dicen entre más niños en las calles no habrá futuro para el país, porque estos se dedicaran no las cosas del estado. Por lo que hay que plantear políticas claras para la solución de este problema que aqueja nuestra sociedad. Y quiero adelantarme y tal vez pueda ser el inicio de un debate para posibles soluciones y convertirse en una política pública en nuestra ciudad que es la siguiente “es la creación de casas de refugio para menores y personas abandonadas donde puedan pernoctar y ser alimentados y aseados”.
1 comentario:
Es triste la situación de los niños de la calle, sea por abandono o por necesidad u obligación familiar.
Tuve la oportunidad de realizar voluntariados intentando enseñar algunos trabajos manuales a algunos niños para que tuvieran otros ingresos (artesanías, etc.) y pudieran pasar menos tiempo en la calle.
Es lamentable ver el poco interés de las autoridades al respecto.
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